miércoles 8 de abril de 2009
La nueva poesía peruana: a la vanguardia.
Deambular por las calles de Lima es atestiguar el crecimiento de una ciudad que hasta hace no mucho vivía en estado de sitio. Hoy por hoy, Lima es una ciudad bulliciosa y bullente, y sin ir muy lejos se podría comparar su crecimiento al que tuvo Santiago a mediados de los 90`. Es en ella que encontramos a los poetas más efervescentes del Perú. Nos referimos al movimiento de la nueva poesía peruana, que desprecia de los conservadurismos y se siente heredera de figuras como Vallejo, Cisneros, Watanabe, Verástegui. En agosto del 2004, en un recorrido y polémico artículo, el poeta José Carlos Irigoyen plantea que la poesía peruana de los 90 ha sido la más mala que ha dado fruto en el Perú. Salvo algunas excepciones, cree Yrigoyen, el resto de la poesía peruana no le hace sombra a los padres fundadores. Las respuesta no se hicieron esperar, pero se le reconoce a Yrigoyen el haber dado al menos luces sobre la urgente necesidad de ampliar los registros de la poesía, y sobre todo, reconocer en los jóvenes poetas surgidos en el 2000 una renovación. Dos años antes, en el 2002, al interior de la Pontificia Universidad Católica del Perú un grupo de autores de los denominados “poetas del 2000”, genera el encuentro de poesía Novíssima Verba, que agrupa a autores de poesía joven peruana y que fue a nivel nacional. En Novíssima Verba se dio a conocer lo más granado de la nueva poesía peruana: allí figuran nombres como el mismo Yrigoyen, Luis Fernando Chueca y Diego Lazarte, que han sabido renovar la poesía, pero también vincularla a otras tradiciones, como la chilena. Aguerridos y disidentes Pero no todo ocurre en la capital. Arequipa también es reconocida como uno de los centros culturales de Perú, y la ebullición poética allí está que arde. Dos de los nombres más reconocidos en esta ciudad son Maurizio Medo y José Gabriel Valdivia. Allí también funciona la editorial Cascahuesos, que ha sabido generar un buen catálogo de autores. Arequipa es lo más parecido a un pequeño paraíso culinario. Declarada Patrimonio Cultural de la Humanidad, la capital cultural del Perú es una región prolífica de artistas y lugares propicios para amenizar reuniones poéticas. El complot es una de las características de estos poetas. Sin ir muy lejos y de vuelta en la capital, nos encontramos con la poeta Gladyz Flores, que realizó una “quema de libros” en la Universidad de San Marcos, en rebelión contra los que ellos consideraban malos “poetastros”. La misma Gladyz dirige una voluminosa revista de nombre rocambolesco: Omúnculus, el “revisto” poético. Chile y Perú Así también, se ha iniciado un rico intercambio entre poetas peruanos y chilenos. Pablo Paredes, un poeta chileno premiado y rockero, recuerda su viaje y visita a Lima: “Cuando fui la primera vez a Perú fue para participar en un encuentro binacional llamado de Sur a Sur, recital y debate entre poetas chilenos y peruanos, me sedujo la presencia de la palabra debate la que, finalmente, se instalaría más entre la delegación chilena más que con nuestros pares. Los nexos poéticos con la escritura reciente del Perú son gigantescos, claro las tragedias no son las mismas, pero son inmensas. Al estar en Argentina o en Venezuela uno entiende la geografía de esas escrituras, pero con los poetas peruanos la geografía se me desborda y entran en una zona común en donde los chilenos también bailamos”. Paredes recuerda con extrañeza un episodio que como poeta joven parece enternecedor. Su encuentro con el insigne Antonio Cisneros: “Hace un tiempo compartí mesa de lectura (y de la otra) con Cisneros a propósito de la última Feria del Libro de Santiago y lo primero que dijo era que antes los chilenos y las chilenas eran más feos, que sólo ahora le parecían bellos. Me imagino que su comentario daba cuenta de los efectos concretos de la superación de la desnutrición, aunque no pude evitar leerlo como una crítica literaria”. A fines del 2007 el encuentro internacional Chile Poesía, dirigido por José María Memet, trajo a Chile a reconocidos poetas peruanos para la realización de “Cruzar la frontera”, encuentro que reunió a voces del vecino país con reconocidos poetas chilenos. Uno de los invitados a ese encuentro fue Raúl Zurita, quien comenta: “La poesía peruana es de una enorme variedad y vitalidad, y los mejores poetas peruanos tienen siempre algo de pioneros, abren zonas nuevas, desconocidas, de la lengua y de la experiencia humana. Eso fue Vallejo, Eielson, eso es el gran Antonio Cisneros (qué buen premio Neruda sería), Enrique Verástegui, Roger Santibáñez, Carmen Ollé, Domingo de Ramos, Mauricio Medo, Miguel Ildefonso, y sigue”. Es curioso que hace tan sólo unos días atrás haya muerto la poeta Blanca Varela, insigne vate peruana, a la edad de 82 años. Ella recibió el Iberoamericano de Poesía y Ensayo Octavio Paz y el Reina Sofía de Poesía Iberoamericana, pero era casi una desconocida en nuestro país. Sería un excelente homenaje aproximarnos a la demoledora tradición de la poesía peruana, que va a la vanguardia, con todo. Recuadro: Lom ediciones posee una antología de poesía peruana preparada especialmente para Chile, por una gran poeta como es Carmen Ollé, autora de un libro imprescindible para la poesía latinoamericana como es Noches de adrenalina.. Fuego abierto es el nombre de esta imprescindible antología. La poesía peruana está que arde. Cuidado con asomarse sin extintor.
Publicado en La nación Internet
lunes 23 de febrero de 2009
Crítica a Arquero en Indie.cl
jueves 22 de enero de 2009
PRONTO EL RAMAL
miércoles 14 de enero de 2009
Taller Literario: El origen de la palabra

Felipe Ruíz.
Este taller es Gratuito y los interesados deben inscribirse directamente en el taller.
Contacto: feliperuiz2@gmail.com
miércoles 7 de enero de 2009
Sobre Fosa
Un saludo,
Felipe
lunes 22 de diciembre de 2008
Fosa Común en enero
jueves 18 de diciembre de 2008
Una Tosca Belleza:
Patria, de Ángel Valdebenito
Por Felipe Ruiz
en Letras.s5.com
La poesía de Ángel Valdebenito parece cruzar un amplio registro de voces. Desde que su promisorio y prometedor Papeles de la villa hostil cayera a mis manos, una noche fría en la ciudad de Temuco, me pregunté si acaso es posible una revitalización de la poesía urbana desde una nueva ternura no citadina. Eso
fue hace buenos años atrás, y desde entonces algo ha pasado: su poesía ha profundizado más en aquella ternura, y quizás como ninguna, ha ahondado en un cobijo tibio, un regazo monumental donde decantar la agonía y lo lesivo del mundo que nos rodea. El resultado es Patria, un volumen de poemas que es por mucho una de las obras más potentes de la actual poesía chilena. Pero catalogar a Valdebenito de poeta joven sería un error y hasta una ofensa, porque esta obra es redonda y de todas maneras madura y acabada. Muchos de los que hasta hace un par de años entraban en la categoría de poetas jóvenes hoy deberían ser estudiados en universidades, reseñados e invitados a eventos ya como poetas maduros. El brote de Valdebenito cumplió su ciclo de iniciación poética y hoy por hoy ya muestra signos de vitalidad en una esfera distinta: la gran poesía chilena, misma que alberga a nombres como Hahn, Zurita o Maquieira. No se trata de un recambio generacional ni mucho menos. Simplemente, me parece que Patria es un volumen que denota experiencia y sapiencia, y ambas convergen en una justeza, y en una voz en desarrollo pero consumada en sus pilares.
Vamos a la obra misma. Estructurada en tres partes, Patria constituye un conjunto de poemas antes que una obra articulada en niveles. Eso no quita que ella posea cierta secuencia argumental y que los poemas se distribuyan inteligentemente de acuerdo a un orden que ofrece al lector un recorrido. Sin embargo, parece como si Valdebenito quisiera evitar las totalidades y se desliza más bien hacia el poema singular, y desde allí que su trabajo recuerde a un hermano de andanzas (y de taller): Higiene, de Ernesto González. Existe una cercanía en estas obras que denota un avance común en pos de revocar la idea de único camino o destino presente en algunas obras de otros autores de corte más experimental. El trabajo de Patria va por el camino del poema tradicional, sin grandes riesgos tipográficos ni cortes acrobáticos, pero a cambio ofrece un ritmo novedoso – sobre todo en su sección Inventario de especies -, que a veces llega incluso a sonar sentencioso, apodíctico:
Abatido es un pájaro de colores grotescos, cuyo canto no cumple función alguna en su entendimiento con el medio externo o el resto de su especie. Canta por desprecio a sí mismo y eso le complace. Baila mientras los demás lo hacen, mas no es su baile, su momento ni su ritmo.
Así se escucha el poema Abatido, primero de este Inventario de especies. De los tres, este es el capitulo que más poderosamente ha llamado mi atención: su tono, prosaico y visceral, acompañado de un tratamiento temático que recuerda cierta poesía de Ennio Moltedo, lo convierten en el más interesante de este libro que de por sí ya está colmado de cosas interesantes. Si se escuchan bien, la temática de las especies es lo menos anecdótico de los versos. La “animalidad” del ánima humana puede ser el trasfondo descarnado que nos viene a mostrar una esencia no humana en lo humano y una humanidad esencial en el animal. Un poco de Henri Rousseau nos rememoran estos poemas, sobre todo en su lienzo magistral “los alegres bromistas”, donde descuella toda esa inquietante composición humanizada de los animales. Abatido bien puede ser la metáfora de la condición humana en las urbes trabajólicas e hiperestésicas, pero es también un retrato de la “especie”, como si la condición de tal superara incluso el “humanismo” ridículo de la metafísica moderna.
De esta forma el humanismo aquí resulta revocado y por tanto Patria se emparenta con una obra de resistencia. Sin ser experimental, es una obra lúdica y de gran vuelo lírico, demasiado necesaria para enarbolar una tosca, una necesaria convencional resistencia, lejos de los ruiditos performáticos y chic que tanto pegan en algunos circuitos locales e internacionales.
